Eran ya pasadas las 12 de la noche y todos nos encontrábamos reunidos en la terraza, conversación tras conversación y entre medias alguna que otra copa. ´
(Debo de confesar que desde que leí la nota no paré de pensar plan tras plan para poder estar a la hora indicada en el lugar indicado con mi gaditano ¿Dije, mí? - Dejarme por hoy apoderarme de algo- ).
La luz pareció encenderse: una llamada de Marcos indicándome una emergencia en la empresa y obligándome a volver lo antes posible a Madrid. ¿Pero quién se va a creer que Marcos me llamé a las 12 de la noche para un asunto de empresa? Vale no. Si, si, si. Sólo había que ponerle cara, coraje y algo de morro y sobretodo confianza.
Bien, me quedaban dos horas para poder mentir, rementir, hacer maleta, despedirme, pedir un taxi y marcar la supuesta dirección a
Pero claro - tomo un sorbo de mi copa y sigo mirando al infinito y poniendo cara de conversación totalmente interesante, sólo me faltaba intervenir ¿De que leñes hablaban?- siendo totalmente corteses, alguno que otro me intentaría acercar a
Yo estaba loca, realmente loca. Sólo planeando todo aquello por un polvo. - O no, quizás seria EL POLVO.
- ¿Parece que suena mi teléfono?- dije con voz sorprendida.
- Yo no escuche nada.- como siempre Sandra tan atenta y acertada.
- ¿Si? No me lo puedo creer. ¿Pero ahora? No puedo salir mañana temprano. Vale, si. Lo entiendo. Recojo y salgo en el primer ave que salga dirección Madrid. Te llamo. No te preocupes.
- Sandra. ¡No te lo vas a creer! Tengo que irme. Marcos me ha llamado, ha ocurrido algo inesperado en la empresa y me están esperando. Prometo devolverte este mal gusto.
- Que poca vergüenza de jefe tienes. Con lo que tu vales - intuía la respuesta de mi hermanita.
- Carlos acércala a
- No, no. Ni os preocupéis, llamo a un taxi y de momento estoy en
- De ningún modo. Recoge y te acerco. Y no valen más excusas- afirmó Carlos. (¿Veis? Lo sabía. Menos mal que contaba con ello en mi plan "Noche Gaditana").
A las 1 y media corría como loca indicándole al taxista la zona donde había quedado con aquel listo - más que listo astuto, que queda más inteligente- gaditano.
Me senté entre las dos lanchas, junto a mi maleta. Eran las 2 menos diez minutos. No quería parecer desesperada, pero entre tanta mentira de por medio no pude calcular el tiempo al minuto.
- Guapa.
Miré hacia atrás y entre las dos lanchas ahí estaba él. Más guapo que ayer - Vale, en verdad igual que ayer, pero tanta excitación y adrenalina lo hacia más guapo ante mis ojos-.
- Sabía que vendrías.
- No tenía nada mejor que hacer.- está entre las respuestas del libro "Como ligar y como hacer para que te liguen".
Bien al grano, y dejándome de chorradas y habladurías muchísimas a las que yo les llamo "preparación del terreno". Llego el momento.
Me dio un sobre. En el: una estancia de hotel para dos personas. Para esa misma noche.
No me lo podía creer. ¿Me estaba enamorando? - En ese momento estaba en la fase de idiota de cualquier mujer ante un detalle. Pero éste era demasiado perfecto-.
Llamó al taxi. Y tras hablar - un par de cosas, según él me indico- con la recepcionista me hizo subir a la habitación. -Perdón: nuestra habitación-
Ya sólo recuerdo como me chupaba los pezones entre el baño de espuma. Ambos desnudos. Como dos románticos empedernidos y dejando a un lado el desconocimiento del uno hacia el otro.
Roció todo mi pecho de champán y lo saboreaba suavemente mientras bajaba su mano por mi pelvis hacia mi vagina. Jugo con ella y con la espuma. Daba vaivenes hacia mi clítoris con el agua. Y el deseo pudo conmigo. Comencé a rozarle, sólo a rozarle. Hasta llegar a la excitación por parte de él, y eso que me rogó una y otra vez que no siguiera. Que se correría. Y le obligué. Entre mis pechos.
Prometió devolvérmelo y de que manera. Húmedos en la cama. Ahora si que éramos dos desconocidos, ya no había caricias ni roces. Me cogió los pechos con sus manos e hizo que se la comiera. Cada vez más dura. Los soltó y abriéndome bruscamente las piernas comienzo a lamérmelo todo. Daba igual cual fuera el alimento, y sobre todo daba igual de quien fuera. El sólo quería comer y yo que se lo comiera.
Me pegó fuerte, hasta hacerme estremecerme de placer. Pero no paro. Siguió, aún más fuerte y volví a estremecerme.
Pero esta vez: me llenó de locura.
