Lo más bello existente irreconocible, indescriptible:

el amor, con su picardía en una lujuria llena de celos que le sumergen en una pasión poco eterna.



Pues el instante es la esencia de la elegancia, y un par de tacones: escenario de sentimientos obscenos de una vida poco estática.





martes 21 de febrero de 2012

17 de noviembre de 2010

Continuación y final de mis vacaciones en Cádiz.

Eran ya pasadas las 12 de la noche y todos nos encontrábamos reunidos en la terraza, conversación tras conversación y entre medias alguna que otra copa. ´

(Debo de confesar que desde que leí la nota no paré de pensar plan tras plan para poder estar a la hora indicada en el lugar indicado con mi gaditano ¿Dije, mí? - Dejarme por hoy apoderarme de algo- ).

La luz pareció encenderse: una llamada de Marcos indicándome una emergencia en la empresa y obligándome a volver lo antes posible a Madrid. ¿Pero quién se va a creer que Marcos me llamé a las 12 de la noche para un asunto de empresa? Vale no. Si, si, si. Sólo había que ponerle cara, coraje y algo de morro y sobretodo confianza.

Bien, me quedaban dos horas para poder mentir, rementir, hacer maleta, despedirme, pedir un taxi y marcar la supuesta dirección a la Estación de Metro de Cádiz....
Pero claro - tomo un sorbo de mi copa y sigo mirando al infinito y poniendo cara de conversación totalmente interesante, sólo me faltaba intervenir ¿De que leñes hablaban?- siendo totalmente corteses, alguno que otro me intentaría acercar a la Estación, entre un -¡No!, y un -¡Si! al final ganaría saliendo el si.
Seguro que mi cuñado amablemente me daría los dos besos en la Estación, y bien. Corre que te corre con maleta incluida a pedir un taxi dirección: Entre las dos lanchas de la noche anterior.

Yo estaba loca, realmente loca. Sólo planeando todo aquello por un polvo. - O no, quizás seria EL POLVO.

- ¿Parece que suena mi teléfono?- dije con voz sorprendida.
- Yo no escuche nada.- como siempre Sandra tan atenta y acertada.
- ¿Si? No me lo puedo creer. ¿Pero ahora? No puedo salir mañana temprano. Vale, si. Lo entiendo. Recojo y salgo en el primer ave que salga dirección Madrid. Te llamo. No te preocupes.

- Sandra. ¡No te lo vas a creer! Tengo que irme. Marcos me ha llamado, ha ocurrido algo inesperado en la empresa y me están esperando. Prometo devolverte este mal gusto.
- Que poca vergüenza de jefe tienes. Con lo que tu vales - intuía la respuesta de mi hermanita.
- Carlos acércala a la Estación.- le indico. Miento: le mando, Sandra a su marido.
- No, no. Ni os preocupéis, llamo a un taxi y de momento estoy en la Estación.
- De ningún modo. Recoge y te acerco. Y no valen más excusas- afirmó Carlos. (¿Veis? Lo sabía. Menos mal que contaba con ello en mi plan "Noche Gaditana").

A las 1 y media corría como loca indicándole al taxista la zona donde había quedado con aquel listo - más que listo astuto, que queda más inteligente- gaditano.

Me senté entre las dos lanchas, junto a mi maleta. Eran las 2 menos diez minutos. No quería parecer desesperada, pero entre tanta mentira de por medio no pude calcular el tiempo al minuto.


- Guapa.
Miré hacia atrás y entre las dos lanchas ahí estaba él. Más guapo que ayer - Vale, en verdad igual que ayer, pero tanta excitación y adrenalina lo hacia más guapo ante mis ojos-.

- Sabía que vendrías.

- No tenía nada mejor que hacer.- está entre las respuestas del libro "Como ligar y como hacer para que te liguen".

Bien al grano, y dejándome de chorradas y habladurías muchísimas a las que yo les llamo "preparación del terreno". Llego el momento.
Me dio un sobre. En el: una estancia de hotel para dos personas. Para esa misma noche.

No me lo podía creer. ¿Me estaba enamorando? - En ese momento estaba en la fase de idiota de cualquier mujer ante un detalle. Pero éste era demasiado perfecto-.
Llamó al taxi. Y tras hablar - un par de cosas, según él me indico- con la recepcionista me hizo subir a la habitación. -Perdón: nuestra habitación-

Ya sólo recuerdo como me chupaba los pezones entre el baño de espuma. Ambos desnudos. Como dos románticos empedernidos y dejando a un lado el desconocimiento del uno hacia el otro.
Roció todo mi pecho de champán y lo saboreaba suavemente mientras bajaba su mano por mi pelvis hacia mi vagina. Jugo con ella y con la espuma. Daba vaivenes hacia mi clítoris con el agua. Y el deseo pudo conmigo. Comencé a rozarle, sólo a rozarle. Hasta llegar a la excitación por parte de él, y eso que me rogó una y otra vez que no siguiera. Que se correría. Y le obligué. Entre mis pechos.

Prometió devolvérmelo y de que manera. Húmedos en la cama. Ahora si que éramos dos desconocidos, ya no había caricias ni roces. Me cogió los pechos con sus manos e hizo que se la comiera. Cada vez más dura. Los soltó y abriéndome bruscamente las piernas comienzo a lamérmelo todo. Daba igual cual fuera el alimento, y sobre todo daba igual de quien fuera. El sólo quería comer y yo que se lo comiera.
Me pegó fuerte, hasta hacerme estremecerme de placer. Pero no paro. Siguió, aún más fuerte y volví a estremecerme.
Pero esta vez: me llenó de locura.

Desperté. Miré el reloj y aún era pronto. Pero debía marcharme. Ahora si. El siguió durmiendo y como buena amante le deje la nota.
GRACIAS POR FOLLARME. Isabel

viernes 17 de febrero de 2012

22 de octubre de 2010

Continuación de mis vacaciones en Cádiz.

Desperté sin saber dónde quedaba la realidad y la ficción, tras la noche anterior.

Nada más situar el primer pie en la salita ahí estaban Sandra, Laura y mi "bichito" (perdonar, pero es de las cosas más bonitas que tengo en mi vida, mi sobrina).
Las dos "lagartijas" me miraron con aquellos ojos y sonrisa de los cuales el silencio ya por si te pregunta : ¿Qué fue de ayer?.


- Dos copas y volví a casa.

- ¡Si, si! Dos copas y volviste a casa. No sabia yo que dos copas duraran hasta las cuatro de la mañana.- como es de costumbre Sandra siempre interviene como cual policía en un interrogatorio.

-¿Qué hay de desayunar?- intente evitar el tema.

¿Cómo iba a contar la verdad de la noche anterior? - Nada, me tome dos copas, nos fuimos a la playa, nos masturbamos y cuando terminamos cada uno tiro por su camino. ¿Estamos locos? Aquí a callar y a tirar para delante.

Laura callaba esperando a que la gran agente de investigación Sandra retomara el mando de preguntas, pero no ocurrió. No es que se rindió, es que pensó que sería mejor no saberlo.
(En muchas ocasiones preferimos no escuchar la verdad y quedarnos o con la duda o con nuestra propia mentira. Era mi hermana, estaba casada y tenia una hija; prefirió quedarse con el silencio y compuso la noche a su propia imaginación).

Tras desayunar, volamos para la playa cargaditas de todos los bártulos necesarios para un día de playa. Yo con mi bichito en brazos, la mochila llena de "cosas totalmente necesarias" y una silla en la otra mano que quedaba libre, llegamos a la playa.

La instalación fue sencilla. Sombrilla aquí, nevera allí, toallas por aquí, la ropa por el otro lado.... ¿y mi bichito? Ya andaba corriendo, en la orilla, de las olas. - Juego de niños-.

Lo vi. Lo vi. ¿Pero que hace ahí? Yo sola entre olas -arriba y abajo- podía reconocerlo claramente: el gaditano de anoche. Ahí estaba. ¿Y ahora qué? ¿Cómo si nada hubiese sucedido? ¿Dos besos, saludar asintiendo, me acerco y soy simpática? Por favor que ni se le ocurra acercarse.

Entre miradas -respetando un límite de distancia considerable entre ambos, límite ficticio pero que ambos habíamos acordado sin ni siquiera hablarlo- pasamos toda la mañana y parte de la tarde.

- Vamos "mi bichito" que hay que volver a casa. - No había como hacerle ver que el momento de albañilería - con su supuesto castillo de arena- había terminado.

Tras volver a casa, deshacer maletas, colgar toallas, chanclas con arena, bañadores algo salados... (que voy a contaros yo a vosotros)...


- Esta noche: 2:00 horas. Entre ambas lanchas.-

No podía creérmelo.  ¿Cuándo pudo meter la nota en mi mochila? ¿Por qué supo que era esa justa la mía?
Si la llega a meter en otra, ¡juro que muere!.

Vale. Todo perfecto: A las 2 de la mañana. ¿Me escapo de casa? ¿Me gusta pasear de madrugada por el paseo marítimo? ¿Volvemos al disco-bar de anoche y a las 2 de la madrugada, voy al servicio y desaparezco?

Que difícil me lo estás poniendo gaditano. Pero como me gusta.



(Tengo varios informes que mirar y remirar, Perico está celoso y aún no cené. ¿Quedará yogur en la nevera? Hasta mañana).


domingo 12 de febrero de 2012

15 de septiembre de 2010

Aquí os traigo otro trocito de mis vacaciones en Cádiz, sobre esa gran noche con Sandra (mi hermana) y Laura.


...Continuación del día 26 de agosto de 2010.
-¡Isabel! ¡Isabel!- oí gritar una voz algo conocida. Pensé en hacer oídos sordos y seguir adelante con mis tres locas compañeras de esa noche. Un no mires de Sandra me hizo recapacitar, y pensar en que no seria buena idea darse la vuelta, ya que podría ser el comienzo de lo que al día siguiente sería una consecuencia.
Las tres íbamos descalzas, subiendo por aquellos improvisados tablones de madera que unen camino desde el pequeño disco-bar hasta el paseo marítimo ¡Tierra firme!. Entre risas, cantos y tambaleos, de nuevo sonó aquella voz.
- ¡El bolso!. (Bien, mierda, MIERDA Y MIERDA) Mi bolso, ¿acaso nací idiota o cada día me formo para serlo más?. Ya no había excusa.
Y mierda igualmente por tener que volver de nuevo por esa "gran pasarela".
- No permito ni un intento de carcajada- advertí a las dos lagartijas. (Típicas palabrejas entre amigas y hermanas).
Bajé con tacones en mano y a toda prisa, - al menos la suerte me regaló el no caerme-.
Con sonrisa de idiota le agradecí su gran obra y me despedí de la manera más típica - A ver si nos vemos, y te lo recompenso con una copa.


- ¿Y si no la tomamos ahora? No es tarde y creo que hoy es una bonita noche para que dos personas se conozcan.
Mi mirada se fue directa a ellas. Que las "malditas" se morían a carcajadas - efecto de las (no recuerdo el número) de copas que se habían tomado). Le hice un gesto que sólo ellas podrían identificar.
- La llave te la dejo detrás de la persiana. Pórtate bien hermanita. Se buena-. Y con sus brazos alzados al unísono se despidieron y siguieron su camino a casa.

-Bien, creo que ahora si que no tengo excusa.
-No te han ayudado a deshacerte de mí... Una lastima.
Lo miré con cara de ser más que un "sabelotodo" y amarrándolo del brazo me lo lleve de nuevo dentro.
Copa tras copa, contamos más mentiras que verdades. Realmente creo que a ninguno de los dos nos interesaba saber nuestra realidad, más allanar el terreno para lo que ambos sabíamos que iba a pasar al final.
Volvió a sacarme a la pista y volvimos a rozarnos y a sentir ese deseo de cuando ves el dulce en el escaparate, te paras ante él; pero te ruegas una y otra vez que no es buena idea comprarlo y comérselo.
Lo siento. Yo me lo comí y de que manera. No sabría decir si era de chocolate con leche, almendras o trocitos de naranja, pero sabia delicioso.
No hubo ni un beso en la pista de baile, ni en la barra de aquel bar.
Un invita tu, un invita yo.

Y en un momento nos encontrábamos los dos boca-arriba, callados, mirando las estrellas más que borrachos entre dos pequeñas lanchas que esperaban ahí a que a la mañana siguiente fueran sumergidas.

Acerco la mano a la cremallera de mi pantalón, la bajo muy suave; desabrochó el botón y sumergió su mano derecha bajo mis braguitas. Yo seguía permaneciendo intacta, observando las estrellas y escuchando como las olas rozaban la orilla del mar. Muy suave comenzó a rozar mis labios inferiores e hizo que su dedo derecho se sumergiera de forma más profunda (Ese pequeño y  gran lugar que hace a toda mujer enloquecer). Yo ya comenzaba a estremecerme.

Tan sólo separé algo mis piernas dándole más facilidad.
Os juro que de pronto las estrellas parecían acercarse a mi, las veía cada vez más cerca. Giré la cabeza, lo miré. - Ni una palabra-. Cogió suavemente mi mano izquierda con su otra mano y la acercó a su cremallera. Imité sus gestos.
Y estaba aquella escena, dos desconocidos masturbándose en una realidad de mentiras y
sin ningún tipo de desnudo.
 
Nadie impuso ninguna ley, ella se impuso por si sola. Solo podíamos estremecernos de placer, nada de movernos y mucho menos intentar hacer algo así como el amor.

Noté como su dedo ya si estaba totalmente dentro de mi -siempre de manera suave- y yo comencé a aumentar el ritmo del roce de mi mano con su pene.

Por un momento sacó la mano bajo mis bragas -dejándome con ganas de más- y me obligo a lamerla.

Copié de nuevo e hice que lamiera la mía- y seguimos masturbándonos el uno al otro.
Hasta explotar. Eso si- en silencio.

Juro que jamás había experimentado ese placer, el placer del silencio, el placer de un sexo limpio, agradable y algo así como secreto.

- Hasta pronto.
-Hasta pronto.

Y regresé a casa, busqué las llaves bajo las persianas y dormí aún con más deseo. Deseo de verlo de nuevo.



jueves 9 de febrero de 2012

27 de agosto de 2010


Escribía y automáticamente pulsaba borrador. Puedo confesar que leí y releí cada una de las entradas que había escrito y me parecieron tan reales como obscenas en muchas ocasiones. Creo que la inseguridad de seguir publicando mi día a día, mis deseos, mis caricias, de exponer mi sexo a vista de cualquiera que visitara este pequeño lugar -secreto- tierno; me llevó a dejar de publicar.

Pero creo que todos de algún modo poseemos ese morbo, esa sensación del sexo del otro, de la intimidad del otro, incluso del olor -de sus bragas-.

Y sí, publicaré mis borradores.

27 DE AGOSTO DE 2010

-5 minutitos más,"por fa". Sólo me pedía cinco minutitos más para salir semidesnuda de aquella cama tan calentita que cada mañana parece atraparte. Ducha rápida, sobra de ojos, rimel, suave colorete y labios no muy llamativos. Bolso y torre de papeles en mano. Vuelta al trabajo.

"Sabia que resaltaría".

- Buenos días Isabel, te ves lindísima- como siempre Mercedes (para que mentir, mucho más linda que yo) con su amabilidad desde primera hora de la mañana.

- Buenos días Mercedes, tu también te ves bonita. El sol te hizo tener una piel muy morenita y luminosa.- Le agradecí de alguna manera el cumplido. (No hay mejor agradecimiento que devolviendo otro y del mismo modo).

Llegué a mi despacho. Estaba exactamente igual que me lo había dejado durante mis vacaciones. Solté la tonelada de papeles y sin parar si quiera a pensar en el café (recordar: siempre "cortado"), me fui para el despacho de Marcos. Como era de esperar allí estaba Andrea.

Tiempo tardó Marcos en darme los buenos días al verme. Me miró, sonrió y como un idiota intentaba desatrancar las palabras.

Por supuesto, cosa que ya me era de sospechar. Durante mis vacaciones el trabajo no se había hecho sólo, por lo que tenia que convertirme en multifuncional y encargarme de todo lo que me había perdido durante mis vacaciones más los proyectos actuales.

 "No me resultaría un gran problema: dos noches sin dormir, mientras Perico rondaría a mi lado, burlándose de que él si que podía retozar entre su pequeña camita; y por supuesto que no falte "el gran yogurt".


Pues bien, como ya dije: son las 3 y cuarto de la madrugada y me tomé un descanso, este tiempo "para mi", para mi espacio.

Lo siento, vuelvo al trabajo.

PDT: no crean que me olvidé, aún me queda que escribir mi aventura gaditana.... Sólo pensar....
Déjate Isabel: Al trabajo




jueves 26 de agosto de 2010

Huele a cerrado.

Vuelvo con una tez morena, con un par de zapatos rotos, con Perico en una jaula y con pocas ganas de volver a ser dirigida y dirigir en ese mundo lleno de impresentables hombres y repelentes esposas.

Y pues si, aún en estos tiempos, los altos cargos siguen teniendo largura sexual aunque poco a poco las “Tomatinas” intentamos mostrar que nuestras habilidades empresariales son iguales o mejores.

Mis vacaciones fueron de tres semanas, en las cuales pude lucir palmito en las playas del sur con una tortilla de “papas” como bien dice mi hermana y una cerveza “bien fregquita” como bien remachaba mi cuñado. Viaje con mis padres hasta Oviedo para pasar un par de días con mi tita Laura, con la que comparte mi gran afición por los TACONES.

El piso huele a cerrado, la nevera se queja de escasez, el lavabo aún tiene el tapón puesto y las cartas cerradas ocupan gran parte de la mesa. Odio deshacer la maleta y volver a llenar de mi el lugar, mi lugar.
Me ha llamado Marcos esta mañana, quería saber de mi, e informarme que mañana me pase por la oficina, hay nuevas ideas y proyectos de los que debo estar informada.
En verdad, volver a colocarme aquellas faldas y trajes olvidados en el armario durante semanas, vuelve apetecerme, como si fuera algo nuevo, como si detrás de la puerta me esperará algo especial.

Sobre mi última confesión de enamoramiento de mi entrada anterior, sólo era una mala noche, una noche confusa. ¿Quién no se ha enamorado durante unos mínimos minutos cuando andaba sobrevolando alguna nube amorosa en su propio mundo?
Yo si.

Y os preguntareis…. ¿Qué fue de su corazón, de su cuerpo, de su necesidad de mujer?
Pues bien, esas dos semanas en el sur dieron para algo así como, ¿un amor de verano?, ja ja ja ja , que absurdo cuando una tiene ya una edad….
Pues bien, siendo menos apasionada, me acosté durante varias noches con un gaditano que me rondó durante dos noches en uno de los chiringuitos en los que moví el culo.

¿Y sería necesario contar aquí como acaricié su erecto pene y como él enredaba mi pelo entre sus dedos cuando mis dientes lo rozaban? Pues no, pero teniendo en cuenta que es el único sitio en el cual puedo abrirme de cualquier forma y no ser reconocida, pues deslizaré lo que desee hacer.

Rápidamente sus ojos se clavaron en mi culo, y es que mi sexto sentido sabe cuando un hombre recorre mis piernas con sus pupilas.

Sandra, mi hermana ( que aún teniendo una familia que cuidar siempre me la llevo de disfrute nocturno), Laura  y yo ; bailábamos como locas en una pista donde sonaba ritmos latinos y las copas te dejaban sin equilibrio entre estrechos vestidos y altos tacones.

Se acercó para intentar concederle un baile, ambos intentábamos no acercarnos demasiado, pero sus manos atraían a mi cuerpo hacia a él y mis senos quedaban al descubierto desde su alta perspectiva.

Las presentaciones fueron rápidas, el ambiente quemaba y la luz se atenuaba al ritmo de la música. Su mano rozó mi culo con escusa de un paso hacia atrás y otro hacia delante al son de la armonía, le miré de frente pero poco más que sonreírle pude hacer.

Volví a reunirme con ellas, que ya estaban sentadas en amplios sillones aguardados con copas de un vermut barato pero rico. Reían descontroladas, seguro que criticaban a la fémina de al lado que intentaba acariciar a un hombre cincuenta años mayor que él.
Me acerqué a ellas y le “cuchilleé” lo ocurrido, ambas me animaban a una noche acompañada, a una noche entre besos y caricias, a una experiencia veraniega, a un sexo libre y fugaz con ese hombre llegado de la nada.
Evité el tema y a altas horas de la noche decidimos irnos.


En ningún momento decidí girar la cara y buscar a ese atractivo hombre, mi orgullo se opone a enseñar intenciones féminas.



……Son las 1:41 horas, en siete horas estoy en pie, mañana vuelvo……..

domingo 11 de abril de 2010

La yo.


Hay momentos que una se olvida de si misma. Que con tres papeles mal puestos y cuatro reuniones diarias intentas cerrar los ojos ante el espejo.
Al verte, a ti, a tu verdadera.
Ha pasado mucho tiempo desde que estuve aquí. Cierto es que no se notó mi ausencia, no hay quien quiera saber de una estúpida ejecutiva, por así llamarme.
Cumplí con toda responsabilidad laboral y tan sólo deje pasar los días centrándome en ellas.
Semana Santa vino acompañada de cervezas y tapas en el sur, bajé a visitar a mi familia.
Nunca hablé de ellos, sólo decir que mi vida se ha tramado siempre de una independencia extrema, donde mis padres sólo tuvieron la relación de haberme formado y dado de comer durante mis primeros 17 años. Tras ellos marché a la ciudad a comenzar mis estudios universitarios y ahí la distancia quedó aún más marcada.
He pasado casi toda la semana con mi “pequeño bichillo”, mi sobrina Graciela. Es ella la única que me recuerda que en mí, si hay una pequeña raíz materna que algún día, aún lejano, espero desarrollar.
Reí, acaricié, dormí, le di de comer, estrujé, saqué a pasear a mi pequeña.
También tuve tiempo de visitar a mi gran amiga, en un viaje esporádico a Cádiz donde las dos disfrutamos de un gran día de compras, cervezas, bailes y locura.
Vale. Si. Joder.
Hoy me siento mal. Terriblemente mal. Si yo. Aún me parece increíble que ande por estos lares machacando mi interior.
Y es que a parte de ser aquella estrecha de falda que pasea sonriente por la oficina con un café entre los dedos y una carpeta en la otra mano; soy persona, y tengo sentimientos.
No se si me he enamorado.
Hay una etapa que aquí aún no he contado, pero conocí a alguien con el cual comparto más que un roce extremo en una cama algo más grande que individual.

lunes 8 de marzo de 2010

Fin a salsa.

su rodilla.

Era imposible tal cosa. La punzada llego tan al fondo que creí verme muerta, ahí de pie, bajo sus dos miradas sorprendidas.


Quise llegar quince minutos antes a la clase. Alguien me debía una explicación, aunque en verdad, iba con más ganas de intentar sorprenderle que de echarle en cara el plantón de ayer.

Entré bien despacio y me dirigí a la última habitación, un gran espejo y un viejo radio-casete es todo lo que habita tal sitio. Había ausencia de él y supe que se encontraría en los vestuarios.

Con el mayor cuidado y evitando cualquier ruido, entré. ¿Qué estaba ocurriendo?

¿Rosa había olvidado ponerse su pequeña falda y sus dos tacones? ¿Era él quién le ayudaba a vestirse?

No. Las bragas de Rosa rozaban suavemente su rodilla mientras el acariciaba su pelo cuidadosamente y le fundía en un beso algo más que apasionado.

Quedé paralizada durante treinta segundos, cuando hubo algo que me ahogaba por dentro y avisé de mi llegada con un -¡Buenas tardes!.

Ellos me miraron sorprendidos y sólo me dio tiempo a escucharle escupir mi nombre con arrepentimiento.

Llegue a casa exhausta. No me creía tal cosa. No podía creérmelo.

Yo no estoy enamorada, ¿de acuerdo? Sólo permanecía en mi una ilusión orgullosa hacía su atractivo cuerpo. Y es otra quién lo acaricia.

No vuelvo a clase de salsa.

martes 23 de febrero de 2010

¿Patinamos?

No es edad para sentir sensibles costillas en el estómago cuando me mira,
no es momento para dormir con él cada noche y levantarme con su sonrisa.
No es momento de sentir algo por alguien.
Adapta cada movimiento a mi esfuerzo sobrehumano de intentar acariciar la canción con mi cuerpo – como el bien dice-. Es la sensibilidad más chulesca nunca vista: pues, enloquezco con su sonrisa.
Cuidadosamente y formulando una buena escusa, algo así como, - por si algún día necesita anular la clase y no tener que hacerme cruzar media ciudad- me pidió el número de teléfono.
Sonreí y quise amenizar el momento con una respuesta algo fuera de lugar y una buena sonrisa. No pudo resistirse.

En dos horas debo de estar perfecta. ¿Patinar? – pregunté. Es un gusto para él tener una razón más para reírse de mi poca habilidad con los deportes, y un reto para mi el cambiar ese concepto, y hacer que la que se ría sea yo.

Suena el móvil. Quedo inmóvil. La rapidez con la que intentaba lograr el que en sólo media hora desafiará a mi norma defectuosa de hacer esperar, quedó paralizada.
Un mensaje. Era él.

Lo siento Isabel, me es imposible ir. Espero que no hayas ensayado toda la tarde con los patines…pues poco ibas a conseguir hacer en la pista. ;) jajaja. Nos vemos mañana en clase.
Un beso.

Caí desplomada a tan sólo un centímetro de Perico, quien dormía plácidamente, y sin ninguna preocupación, desde hacía algunas horas.
Sentí el rechazo adolescente a aquella primera cita, en la cual horas antes ensayabas ese primer beso más que casto.
Sentí el fracaso florecido.
Sentí un plan chafado.
Pero no un plan, sino un día entero.
Un día feliz, en el cual he sonreído a la nada, durante horas soñando despierta cada una de las risas que hubiese alimentado aquella tarde algo fría. (Frío mi culo en cada caída, ya no.)

Volví a sentirme como en casa, y nada mejor para ello, que ponerme ese pijama nada sexy del que sólo puede disfrutar Perico. Me senté al lado de él mientras pedía con constancia que le acariciará mientras el mando de la tele era mi único instrumento de –poca- diversión.

Lunes , 23 de febrero de 2010.

No podía creerme tal cosa. No podía imaginar que sus bragas rozaran suavemente…….